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El Comunicador
Luis Pérez
William Morales
Edwin Madrigal
EL VERDADERO COMUNICADOR ES UN HUMANISTA
Los medios de comunicación son, en gran medida, un espacio privilegiado para la formación de opinión, la participación ciudadana, el debate público y el control social. El oficio del comunicador es sembrar, día a día, la buena semilla de una información fundada en la verdad, la libertad, la justicia y la solidaridad.
1. El Comunicador
El don de la palabra no se posee por mero lujo, sino para expresarse por todos los modos posibles e intercambiar ideas, opiniones o noticias. La realidad que queremos comunicar adquiere la forma de mensajes conforme al lenguaje propio del medio por el que se vaya a transmitir, desde la simple conversación interpersonal hasta los multimedia más sofisticados.
La comunicación es necesaria al ser humano. La vida social es una necesidad absoluta del ser humano, el ser humano necesita la comunidad porque no hay comunidad sin comunicación, ni comunicación sin comunidad. Vivir en sociedad y comunicarse son experiencias correlativas.
Lo que equivale a decir que todos tienen derecho a comunicarse, es decir, a investigar, a recibir y difundir información. Del mismo modo que ocurre con otros derechos, por ejemplo, el derecho a la salud, a la vivienda, etc., el derecho a la información requiere unas personas especializadas. Personas a las que consideramos profesionales, que como ciudadanos tienen derecho a la información, y como profesionales deben cumplir con el deber de informar.
2. La responsabilidad del comunicador
La información puede formar, pero también deformar. Algunos subrayan los efectos sustancialmente positivos de los medios de comunicación.
Por medio de ellos se multiplican las oportunidades de aprender, de gozar del arte y de la ciencia, de tomar parte instantáneamente en los acontecimientos que interesan al conjunto de la familia humana.
Otros piensan en los efectos negativos de un modo de comunicación en sentido único, en donde los receptores permanecen prácticamente pasivos sometidos a una homogenización de los gustos impuesta por intereses que conducen a un consumismo desenfrenado a lo que se añade, muchas veces, una seria degradación de los valores morales y un quebrantamiento de las instituciones tradicionales, sobre todo de la familia.
3. Veracidad, objetividad, libertad
El hacer comunicativo ha de estar presidido por tres ideas que representan valores humanos y valores proyectados a la comunidad: la veracidad, la objetividad y la libertad.
Por este motivo, la objetividad debe ser una virtud o hábito en el informador. Consiste en desprenderse de todo elemento subjetivo: pasiones, pereza, simpatías, partidismo, politiquerismo, para conocer mejor el objeto de su auténtica realidad. Cuando se trata de juicios de opinión, aquí sí cabe la subjetividad, el juicio propio, al que no debe faltar, sin embargo, la comprensión objetiva de los hechos.
Libertad: El proyecto del informador supone la edificación de una sociedad en y desde la libertad, que no es permisividad ni libertinaje, que es en lo que se convierte la libertad al margen de la verdad. La libertad al margen de la verdad es su propia y mortal enemiga.
El verdadero comunicador es un humanista, busca construir un mundo más humano. La vocación del comunicador es servir a la comunidad. La comunidad necesita del comunicador, y el comunicador necesita de la comunidad.
Así también, los comunicadores deben enfocar sus aspiraciones y sus esfuerzos a favor de la cultura de la vida, que supone el respeto a los derechos del ser humano, entre ellos, el destino universal de los bienes.